Acerca de la revista


Vivimos una época de constantes cambios del pensamiento y de las prácticas políticas que buscan procesos emancipatorios. Los relatos que pretendían dar cuenta de la totalidad de la historia, de la sociedad y así como de los sujetos políticos sufrieron un agotamiento a finales del siglo XX. Estos no podían responder sobre los complejos procesos donde se tejen las subjetivaciones políticas. Ahora, las relaciones epistémicas, sociales, semánticas y políticas no obedecen a un punto unificado fundacional ni a una totalidad cerrada en sí misma; más bien lo hacen desde una dispersión de elementos que se encuentran en articulaciones contingentes. No solamente son los fundamentos de la filosofía política los que deben cuestionarse y replantearse, sino también las prácticas políticas que repercuten en otros espacios como la literatura, la semiótica, la lingüística, la antropología y otras disciplinas. Tomarse la atribución de pensar los fundamentos ausentes de la política implica deconstruir los saberes que pretendían delimitar el acontecer de la historia. Así pues, consideramos que el hecho de «hacer filosofía» es un acto político porque implica el cuestionamiento de todo saber que se presenta como un fundamento último y, así mismo, el quehacer filosófico supone una apuesta para reconfigurar nuestras instituciones sociales, entendidas en un sentido amplio como prácticas sociales. Desde nuestro punto de vista, enfatizamos que «hacer filosofía» es hacerla a través de la creación de conceptos, pues esta es la forma de corporeizar lo que está presente, pero que no puede ser visibilizado. Por ello, este quehacer conceptual y práctico o, mejor dicho, esta intervención política desde el pensamiento se distancia de otras concepciones que consideran que la labor de la filosofía es únicamente proponer un corpus de ideas que, en última instancia, conduce a la fosilización de la misma y permite que su lugar sea usurpado por otros saberes fundados en verdades absolutas.

Hay muchas filosofías para teorizar lo político. Estas tienen puntos en común que se entrecruzan, a saber, el problema de la emancipación, la resistencia, las instituciones, los sujetos políticos, el pueblo, la revolución social, entre otros tópicos. Es así que en las discusiones actuales tenemos diversas intervenciones en torno a estos problemas. Algunos asumen una postura para pensar la emancipación desde la experiencia estalinista y la guerra interna peruana que fueron un fracaso. Y otros desde una renovación conceptual conciben a los sujetos y a lo social como elaboraciones contingentes producidas por las constantes luchas hegemónicas, no necesariamente luchas de clases, sino luchas realizadas por las minorías étnicas, las feministas, las de género y las ecologistas.

Estas travesías teóricas tienen como punto de partida los descalabros que sufrieron las experiencias políticas en el siglo XX. Por tal motivo, repensar la política conlleva reflexionar las huellas dejadas por el pensamiento político moderno desde nuevos horizontes. Es decir, dialogar críticamente con los filósofos que elaboraron los paradigmas del pensamiento moderno y, a la vez, dialogar con los sujetos políticos que hicieron de la historia una constante novedad. De esto, se colige que no hay pensadores intocables y teorías estáticas, pues estamos frente a la posibilidad siempre abierta de plantear nuevas respuestas a los diversos tópicos de la filosofía.

Más allá de lo mencionado, aparecen otras preguntas cuyas respuestas parciales ya no representan certezas, ya que estas han quedado en el limbo esperando escapar de la incertidumbre. Por ejemplo, hay teóricos que asumen que es posible la destrucción del sistema imperante desde sus propias contradicciones, esto emerge porque las actuales izquierdas europeas han sido despojadas de su potencial revolucionario y se han domesticado bajo la voluntad del capitalismo. Sin embargo, las nuevas lecturas de El Capital, realizadas en Latinoamérica y en Europa, reactualizan la crítica contra el capitalismo para no bajar la guardia. Otra perspectiva es aquella que asume la espera del advenimiento de un milagro acontecimental, que irrumpa en el orden de los objetos y los reconfigure creando nuevas subjetividades políticas fieles al evento. Desde la perspectiva latinoamericana se hace urgente re-pensar la categoría «pueblo» y el potencial político y transformador que supone: transformaciones estatales, autogestiones y todo un repertorio de prácticas políticas. Así como releer la filosofía de la liberación y el pensamiento decolonial para asimilar su lado crítico, pero distanciándonos del dogmatismo que impera en algunas instituciones de la región.

Estas son algunos de los dilemas presentes en el pensamiento político actual. Hay problemas que han sido relegados y que necesitan replantearse; hay otros que merecen urgente respuesta. Por tal motivo, es importante mostrar todas las posibles discusiones y conclusiones que se han presentado y las que están aún por presentarse. Es este uno de los objetivos de esta revista que convoca a intelectualxs orgánicxs y autónomxs que desean esbozar algunas respuestas a las contradicciones del orden social. Pensar políticamente supone no solo presentar los escenarios conflictivos donde se decide el derrotero de lo público, sino ser parte de los espacios antagónicos para que sea siempre una historia por hacerse, como aquel verso de César Vallejo: “Hay un lugar que yo me sé /en este mundo, nada menos,/adonde nunca llegaremos”.

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