En el corazón de esta obra se plantea una pregunta tan antigua como perturbadora: ¿por qué el sufrimiento del inocente resulta escandaloso, incomprensible y, con frecuencia, invisible? La obra Siervo de Dios en la locura de la cruz establece un diálogo profundo entre el cuarto cántico del Siervo de Isaías y el anuncio paulino de Cristo crucificado, rechazado tanto por judíos como por griegos. En ambos textos aparece la misma figura: la del justo humillado y despreciado, cuya herida provoca rechazo antes que reconocimiento.
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